El cuerpo- Anotaciones #1

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Pensar el cuerpo hoy es pensar el discurso que lo rodea, pensar los códigos y las coordenadas que lo enmarcan. Más allá de su materialidad, el cuerpo contemporáneo se entiende como un devenir, una construcción, una representación, una negociación con el entorno sociocultural: una frontera…

 …Hija de Platón y Descartes, la cultura occidental ha apostado tradicionalmente por la pureza de la razón y la infravaloración del cuerpo y del mundo sensible. La filosofía patrística, por su parte, estableció y fijó una fuerte moral sexual capaz de controlar –hasta nuestros días– el delito al que el cuerpo es propenso…

…El cuerpo de la mujer –así como el cuerpo homosexual, lesbiano, inter o transexual– pasa históricamente de la invisibilidad a la fragmentación, a la distorsión física y, por ende, a la distorsión psicológica y simbólica…

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Extraño “dictador” este Hugo Chávez Por: Eduardo Galeano

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Extraño dictador este Hugo Chávez. Masoquista y suicida: creó una Constitución que permite que el pueblo lo eche, y se arriesgó a que eso ocurriera en un referéndum revocatorio que Venezuela ha realizado por primera vez en la historia universal. No hubo castigo. Y esta resultó ser la octava elección que Chávez ha ganado en cinco años, con una transparencia que ya hubiera querido Bush para un día de fiesta.

Obediente a su propia Constitución, Chávez aceptó el referéndum, promovido por la oposición, y puso su cargo a disposición de la gente: “Decidan ustedes”.

Hasta ahora, los presidentes interrumpían su gestión solamente por defunción, cuartelazo, pueblada o decisión parlamentaria. El referéndum ha inaugurado una forma inédita de democracia directa. Un acontecimiento extraordinario: ¿Cuántos presidentes, de cualquier país del mundo, se animarían a hacerlo? Y ¿cuántos seguirían siendo presidentes después de hacerlo?

Este tirano inventado por los grandes medios de comunicación, este temible demonio, acaba de dar una tremenda inyección de vitaminas a la democracia, que, en América Latina, y no sólo en América Latina, anda enclenque y precisada de energía.

Un mes antes, Carlos Andrés Pérez, angelito de Dios, demócrata adorado por los grandes medios de comunicación, anunció un golpe de Estado a los cuatro vientos. Lisa y llanamente afirmó que “la vía violenta” era la única posible en Venezuela, y despreció el referéndum “porque no forma parte de la idiosincrasia latinoamericana”. La idiosincrasia latinoamericana, o sea, nuestra preciosa herencia: el pueblo sordomudo.

Hasta hace pocos años, los venezolanos se iban a la playa cuando había elecciones. El voto no era, ni es, obligatorio. Pero el país ha pasado de la apatía total al total entusiasmo. El torrente de electores, colas enormes esperando al sol, a pie firme, durante horas y horas, desbordó todas las estructuras previstas para la votación. El aluvión democrático hizo también dificultosa la aplicación de la prevista tecnología último modelo para evitar los fraudes, en este país donde los muertos tienen la mala costumbre de votar y donde algunos vivos votan varias veces en cada elección, quizá por culpa del mal de Parkinson.

“¡Aquí no hay libertad de expresión!”, claman con absoluta libertad de expresión las pantallas de televisión, las ondas de las radios y las páginas de los diarios. Chávez no ha cerrado ni una sola de las bocas que cotidianamente escupen insultos y mentiras.

Impunemente ocurre la guerra química destinada a envenenar a la opinión pública. El único canal de televisión clausurado en Venezuela, el canal 8, no fue víctima de Chávez sino de quienes usurparon su presidencia, por un par de días, en el fugaz golpe de Estado de abril del año 2002.

 Y cuando Chávez volvió de la prisión, y recuperó la presidencia en andas de una inmensa multitud, los grandes medios venezolanos no se enteraron de la novedad. La televisión privada estuvo todo el día pasando películas de Tom y Jerry.

Esa televisión ejemplar mereció el premio que el rey de España otorga al mejor periodismo. El rey recompensó una filmación de esos días turbulentos de abril. La filmación era una estafa. Mostraba a los salvajes chavistas disparando contra una inocente manifestación de opositores desarmados. La manifestación no existía, según se ha demostrado con pruebas irrefutables, pero se ve que este detalle no tenía importancia, porque el premio no fue retirado.

Hasta ayercito nomás, en la Venezuela saudí, paraíso petrolero, el censo reconocía oficialmente un millón y medio de analfabetos, y había cinco millones de venezolanos indocumentados y sin derechos cívicos.

Esos y otros muchos invisibles no están dispuestos a regresar a Nadalandia, que es el país donde habitan los nadies. Ellos han conquistado su país, que tan ajeno era: este referéndum ha probado, una vez más, que allí se quedan.

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Cuerpo, corporeidad y hegemonía.



En esta investigación se pregunta el sujeto; ¿Cómo se lleva a cabo el proceso a través del cual se construyen ciertas corporalidades hegemónicas y cómo a partir de ellas se generan nuevas formas y procesos de separación social? 

Se plantea el cuerpo como el lugar de encarnación de estructuras sociales y lugar de conocimiento; pero ante todo, como agente operador de prácticas sociales y cambios políticos, que aparece y desaparece en la construcción de sentido individual y colectivo, mediante sus formas de representación y performance que se inscriben en las lógicas de los espacios, en este caso, públicos. 

Se ha planteado la investigación en este lugar, ya que los espacios públicos por excelencia, articulan y estructuran lógicas sociales, económicas; cuyas políticas de gestión están abocadas a la producción de servicios y consumo. 

Este proceso se enmarca en cambios urbanísticos de renovación, propios de las transformaciones globales de las ciudades contemporáneas.

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“Odio el año nuevo”, de Antonio Gramsci


El 1º de enero de 1916, Antonio Gramsci escribía en el periódico socialista Avanti! el artículo Odio il Capodanno. En esta rara pieza, el comunista italiano expresa su odio al inmovilismo y al conformismo pequeñoburgués…


El texto fue publicado originalmente el 1º de enero de 1916 en Turín, en el periódico Avanti!, donde Gramsci escribía la columna ‘Sotto la Mole’, dedicada a comentar desde la sombra de la Mole Antonelliana, principal símbolo arquitectónico de la ciudad de Turín, el discurrir de la vida turinesa.
El Capodanno (Año Nuevo) de 1916 estuvo marcado por la reciente entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial, una carnicería como nunca antes había visto la humanidad entre naciones imperialistas por la dominación mundial.
Este hecho generó un profundo debate en la sociedad italiana, entre la clase trabajadora y en el propio seno del Partido Socialista italiano, que se debatía entre posiciones intervencionistas social patriotas y posiciones neutralistas. Un debate que atravesó el socialismo europeo, cuyos principales partidos apoyaron la guerra y a sus propias burguesías en “defensa de la patria”, llevando a la bancarrota de la Segunda Internacional. Entre quienes se opusieron a la deriva reformista de la Segunda Internacional y los Partidos Socialistas desde una posición revolucionaria (encabezados por Lenin, Trotsky, Liebknecht y Rosa Luxemburg), se encontraba también Antonio Gramsci, que posteriormente sería junto a Amadeo Bordiga el fundador del Partido Comunista Italiano.
En este contexto, el “Odio el Año Nuevo” es una diatriba contra esta festividad, pero, sobre todo, es una manifestación del odio de Gramsci hacia el conformismo de las ideas y de la vida reglamentada por el capitalismo y su ideología, que nos lleva a celebrar una ocasión especial, ya que siempre se ha hecho. Algo que nos impulsa a cambiar o a preparar nuevos planes para algún cambio, pero que luego nos enfrenta a un pantano de inmovilidad hasta una próxima ocurrencia. Contra esta inercia escribe Gramsci: “Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día”.
Odio il Capodanno de Gramsci nos acerca a otro de sus conocidos artículos, “Odio a los indiferentes”, publicado un año después, el 11 de febrero de 1917, también en Avanti! Una lucha de Gramsci contra el inmovilismo y el conformismo de las ideas, propia de su personalidad curiosa, inconformista, anticlerical y, sobre todo, comunista.

Odio il Capodanno

Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí año nuevo. De ahí que odie esos año-nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión.

Estos balances hacen perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu. Se acaba creyendo que de verdad entre un año y otro hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, y se hacen buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc. Es un mal propio de las fechas. Dicen que la cronología es la osamenta de la historia; puede ser. Pero también conviene reconocer que son cuatro o cinco las fechas fundamentales, que toda persona tiene bien presente en su cerebro, que han representado malas pasadas. También están los año-nuevos. El año nuevo de la historia romana, o el de la Edad Media, o el de la Edad Moderna. Y se han vuelto tan presentes que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos pensando que la vida en Italia empezó en el año 752, y que 1192 y 1490 son como unas montañas que la humanidad superó de repente para encontrarse en un nuevo mundo, para entrar en una nueva vida.
Así la fecha se convierte en una molestia, un parapeto que impide ver que la historia sigue desarrollándose siguiendo una misma línea fundamental, sin bruscas paradas, como cuando en el cinematógrafo se rompe la película y se da un intervalo de luz cegadora.
Por eso odio el año nuevo. Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me siente borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor.
Ningún disfraz espiritual. Cada hora de mi vida quisiera que fuera nueva, aunque ligada a las pasadas. Ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan. Porque han festejado los nombres de nuestros abuelos, etc., ¿deberíamos también nosotros querer festejar? Todo esto da náuseas.
Espero el socialismo también por esta razón. Porque arrojará al estercolero todas estas fechas que ya no tienen ninguna resonancia en nuestro espíritu, y si el socialismo crea nuevas fechas, al menos serán las nuestras y no aquellas que debemos aceptar sin beneficio de inventario de nuestros necios antepasados.
Antonio Gramsci, Turín, 1º de enero de 1916.
* Tomado del Libro “Bajo la Mole – Fragmentos de Civilización”, de Antonio Gramsci. Editorial Sequitur, Págs. 9-10.

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CÓMO ME CONVERTÍ EN UN LOCO – Khalil Gibran


Me preguntas cómo me convertí en un loco. Ocurrió de éste modo: Un día, mucho tiempo antes de que muchos dioses nacieran, desperté de un sueño profundo y observé que habían robado mis máscaras. Las siete máscaras que moldeé y lucí a lo largo de siete vidas.
Corrí con la cara descubierta por las calles abarrotadas, gritando: “¡Ladrones, ladrones, malditos ladrones!”. Hombres y mujeres se reían de mí. Algunos corrían a sus casas, asustados por mi causa. Cuando llegué al mercado, un joven se puso a gritar desde el tejado: “¡Es un loco!”. Miré hacia arriba para contemplarle; el sol besó mi propia cara desnuda por primera vez.
Por vez primera el sol besó mi propia cara desnuda y mi alma fue inflamada por el amor al sol, y ya nunca más quise mis máscaras. Y, como si estuviera en trance, grité: “¡Benditos, benditos sean los ladrones que robaron mis máscaras!”. Así me convertí en un loco.
Y he encontrado libertad y seguridad en mi locura; la libertad de la soledad y la seguridad de ser entendido, ya que quienes nos entienden se hacen algo esclavos nuestros.
Pero permita que no esté demasiado orgulloso de mi seguridad. Incluso un ladrón en una cárcel está a salvo de otro ladrón.

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Hija del viento


Han venido.

Invaden la sangre.

Huelen a plumas,

a carencias,

a llanto.

Pero tú alimentas al miedo

y a la soledad

como a dos animales pequeños

perdidos en el desierto.
Han venido

a incendiar la edad del sueño.

Un adiós es tu vida.

Pero tú te abrazas

como la serpiente loca de movimiento

que sólo se halla a sí misma

porque no hay nadie.
Tú lloras debajo del llanto,

tú abres el cofre de tus deseos

y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad

que las palabras se suicidan.

Alejandra Pizarnik

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No te entiendo.


“No se cómo soportas a ese hombrecillo ” le dijo Ze a aquella hermosa mujer. De los tantos misterios que guarda en su interior, dijo, me es complicado justificar una amistad con alguien que irradia como un cometa sin luz propia simpleza he ignorancia. -y todo lo que hace con eso- …
No entiendo. De verdad no te entiendo… Me gusta cuando no te entiendo, me gusta más, no preguntar. Trataré de descubrir algunos porqués. En ese momento dio la vuelta esperando sentir la mano impidiendo aquel hasta pronto. Pero no, aquel momento había desaparecido para siempre y junto con el, todas las preguntas… Por ahora, claro…

TKL 

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PLACERES ESCUETOS EN MEDIO DE TANTA TECNOLOGÍA


1.- Almorzar lo más lejos posible del télefono celular. 

2.- Desayunar, almorzar, tomar café o cenar disfrutando la comida: masticando, sin prisa, y con la conversación obligatoria de la sobremesa. Es rico comer, pero más rico es conversar con quien le acompaña a uno en la mesa. Que no se pierda esa costumbre bacana. 

3.- Tomarse un café o unas cervezas con alguien que manda su celular al carajo. Es decir, mi celular reposa en mi bolsillo siempre que la gente con la que estoy no toque su celular. Si el o la imbécil que disfruta de mi compañía se atreve a prestarle más atención a su móvil que a mí, ¡a la mierda!, también sacaré el mío y esa persona logrará emputarme. 

4.- Manejar un auto manual. Los automáticos no tienen el sabor tropical de la caja de cambios. 

5.- Caminar, también sin móvil y sin música. Caminar pensando en lo que les dé la puta gana de pensar. Caminar por el simple gusto de caminar, y si es posible hay que hacerlo en sitios alejados del estruendo citadino que jode los tímpanos. 

6.- Leer en papel. Si no hay plata para el libro, hay que buscarlo en PDF e imprimirlo. ¡Viva la piratería! ¡Viva el contrabando!

7.- Cantar a capela. Cantar lo que a uno se le venga a la cabeza. 

8.- Presenciar teatro callejero, con la consabida moneda posterior al acto teatral. Aplica también para cantantes callejeros. 

9.- Leer en el césped. 

10.- Mojarse con la lluvia. No hablo de empaparse, sino de sentir la llovizna en el cabello, en el rostro y en la ropa. 

11.- Si se come solo, hacerlo sin música, sin televisión, sin nada más que la autocontemplación y la gula presente. 

12.- Caminar por los cementerios y hacer cálculos con las edades de los muertos: si este huevón murió en el 2000, yo tenía tantos años. Si esta man murió de 28 años y tuvo seis hijos, a qué edad parió al primero, etc. 

13.- Si hablamos de citas románticas: ir a algún sitio nada poblado a conversar. Conversar caminando. Comer echados en el sillón o en la parte trasera del automóvil. Hallarle formas a las nubes. Pero, sobre todo, dejando el móvil a un lado, lo que implica pasar menos tiempo tomando fotos y más tiempo intercambiando saliva. 

14.- Jugar fútbol en el barrio, no hablo de campeonatos, sino de juegos espontáneos en los que se apuestan las chelas. 

15.- Desconectarse de todo durante un par de días, para quienes pueden hacerlo, ya que algunos nos hemos vuelto esclavos de las redes sociales y demás. 

16.- Fumar un cigarrillo con toda la tranquilidad del mundo, viendo el humo morir y muriendo un poquito. Solo uno, nada más. 

17.- Mirar por la ventana del bus, sin música, sin nada más que las imágenes escapando a nuestra vista y los pensamientos engendrándose en nuestro cerebro. 

18.- Estoy seguro que hay una infinidad más, pero ya se me fueron las ganas de escribir así que ¡topes lopez!

J. P. A. T.

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Lo se. Todos lo sabemos.


Hoy me levanté y no hize nada. Fume un cigarro.

En estas reglas siempre me toca perder, comienzo a creer que fueron creadas para ello.
Me dicen cómo ser feliz, pero no veo a nadie serlo, esas sonrisas son unas curvas horribles que no reflejan para nada bienestar, he oído por ahí, que la felicidad se compra con dinero, no me alcanza.
Me dicen cómo ser libre, pero esas cadenas que traen ellos y yo, me llevan a tres ubicaciones fijas y frías, he oído por ahí, que la libertad se puede comprar, no acompleto.
La otra vez fui feliz, lo recuerdo muy bien, ese día hice todo lo que debía de hacer y lo logré, bien hecho, dijeron.
La otra vez fui libre, compre alimentos, compre ropa adecuada para salir, compre gasolina (porque la otra vez tuve que comprar un auto), renté un lugar para disfrutar de mi libertad, pero siempre teniendo la cordura de no abusar, cuidado, sería un exceso.
Me pregunto por un momento si estará mal reprochar aquellas felicidad y libertad , pero no, vaya que a veces pienso cosas tan equivocadas ja… que absurdo. 
Se que soy feliz, por qué hago lo que me gusta, porque tengo familia, porque no me falta nada, porque, porque, porque… 
Se que soy libre, porque, decido, votó, opino en casa, porque voy siempre que quiero… o puedo, a ese bonito lugar que me dictan las ganas… se que tengo que regresar a mis deberes… 
Se que “soy” por qué hago lo que quiero, sin romper las reglas. 
Quien hizo las reglas? Ja… que idiota, pues nosotros, la sociedad… ja.
Hoy lo pensé después de dos minutos. No iré a trabajar. No tengo ganas. Fumaré, pensaré, pensaré, fumaré… perderé el tiempo… El tiempo vale oro, me digo. Ja.
En un sueño el otro día que estaba borracho, una hiena mientras desmembraba el cuerpo de su presa cachorra felina rallada, se burlo de mí (por supuesto que en los sueños puede pasar cualquier cosa) y me dijo con una voz muy aguda y absurda… “hay que erosionar a la razón, sacarla del lugar privilegiado que tiene, cuestionarla, mostrar que esa razón ha sido instaurada para dominar a los hombres. 
Ataca a la razón desde la locura, no hay nada más que cuestione a la razón como la locura, por eso la razón humana debe de ocultar a la locura. La locura es la antítesis de la razón, es la negación de la razón, no puede admitir que parte de la razón es la locura. Incluso en este mundo racional es el principal generador de locura, por eso el manicomio ocupa un lugar principal, se convierte en el lugar donde la sociedad racional encierra a los locos y los aparta del resto de la sociedad.

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​De Instrucciones para vivir en México.OTRA FIESTA QUE SE AGUA

¿Quién pide la próxima olimpiada?

El miércoles, en segundo término, debido a la sensacional matanza de israelíes y fedayines y relegada a la sección D del periódico, apareció la foto de unos individuos sonrientes cargados de maletas. “Después de una semana de vacaciones en Munich”,

dice el pie, “los remeros mexicanos arribaron ayer por la tarde, cargados de recuerdos para sus familiares…” A continuación se nos explica que el ” reposo” de los fotografiados se prolongó debido a que ni siquiera calificaron para las “pequeñas finales”.
El veneno que destila el texto es expresión de un sentimiento generalizado en toda la República.
—No pudieron calificar —piensa el mexicano medio al ver esta clase de fotos— pero se divirtieron como enanos. Aquí hay uno que trae en la mano paraguas para toda la familia.
No importa ni la edad ni la condición física del observador. Hay artríticos que dicen:
—¡Hasta Argentina tiene medalla y nosotros no aparecemos en la lista!
Si algún día me nombran jefe de la delegación mexicana a una olimpiada futura, voy a arengar a los deportistas en los siguientes términos:
—A través de esas cámaras que ven allí, cincuenta millones de mexicanos —o los que sean para esas fechas— os contemplan.
Con esto, perderán igual que siempre, pero en vez de regresar sonrientes, pedirán asilo político en el país anfitrión.
Pero volviendo a la foto de que hablaba, yo francamente no comparto este resentimiento nacional hacia los que no calificaron, por varias razones. La primera es que yo tampoco hubiera calificado, la segunda, que México nunca ha sido ni famoso productor de atletas, ni se ha distinguido por su habilidad para descubrir el talento de sus habitantes, ni por aprovecharlo. 
Además de esta ceguera existe un prurito de figurar. Se manda una delegación enorme, no porque haya probabilidades de ganar en muchas competencias, sino para que el día de la inauguración de los juegos se presente un contingente respetable —sus integrantes vestidos de inditos— que bailen la danza del huitlacoche al son de la chirimía, y “coseche palmas” de parte de cien mil alemanes que creen que están viendo visiones.
De esto se trata, pero no se confiesa. Se dice que lo importante “no es ganar, sino participar” y se manda a competir gente que no ha roto marcas mundiales ni en sueños y que no tiene por qué romperlas en un país extraño, con los nervios producidos por una

responsabilidad que no tiene proporción con lo que está en juego.

Van los mexicanos a ver si ganan de chiripa, no califican, regresan a su país y la gente se ofende porque se bajan del avión sonrientes.
¿Por qué no van a sonreír? ¿No les acaban de dar gratis un viaje a Europa? ¿No les regalaron una cazadora bastante ridícula y una maleta blanca? Hay que admitir que aunque no hayan calificado su situación es bastante envidiable. Entonces, ¿por qué esperar que se bajen del avión llorando?
Esto por lo que se refiere a la delegación mexicana. Por lo que se refiere a las Olimpiadas en general, que no me cuenten que son la fiesta de la paz, la hermandad internacional y el homenaje a la proeza física. Al contrario. Son la fiesta del nacionalismo y la guerra incruenta. ¿Qué otra cosa, si no nacionalismo puro, son las banderas y los himnos y la gente enloquecida frente a las cámaras cada vez que un compatriota gana una competencia?
El deporte será todo lo saludable que ustedes quieran, pero en los juegos olímpicos y dada la manera en que éstos se organizan, no sirven más que para fomentar odios entre naciones y para producir complejos de superioridad y de inferioridad. Las Olimpiadas también son un negocio magnífico para los medios de difusión.
Para los anfitriones, en cambio, son descalabros sin paliativo. Y cada vez es peor. Hasta la Olimpiada de Tokio el descalabro no era más que económico. El día de la clausura el país se quedaba con las deudas y una serie de recintos deportivos que eran en su

mayoría elefantes blancos. Pero en las dos últimas Olimpiadas, además del gasto, y los elefantes blancos, los anfitriones han estado en situaciones críticas y sus respectivos gobiernos han quedado con muy mala reputación. Por eso cabe preguntar:
¿Quién pide la siguiente Olimpiada? (8-9-72)

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